Cultura y Estilo

Manu Da Silveira descubrió junto a Uruguay365 una de las 7 maravillas ocultas del país

¿Cuántos sitios en Uruguay te falta conocer? ¿Cuántas actividades te has perdido porque no sabías que se podían hacer en tu propio país?

Como le ocurre a muchos uruguayos, a Manuela Da Silveira también le gusta viajar, dejarse permear por el paisaje que le rodea, y atesorar nuevas experiencias. Y aunque en Uruguay son incontables las posibilidades de vivir esas experiencias que se convertirán en inolvidables, muchos desconocen que las tienen a poca distancia de su propia casa.

Así que, para empezar a descubrir Uruguay como nunca antes lo había hecho, se sumó a la propuesta de Uruguay365 y eligió una actividad que nunca había practicado en Uruguay, en un lugar al que, hasta ahora, no conocía. A bordo de una camper Beway condujo casi dos horas hacia el Este, desde Montevideo, dispuesta a pasar un día de pura diversión, adrenalina y encuentro con la naturaleza y consigo misma.

 

Aventura en Grutas de Salamanca

El destino elegido fue Grutas de Salamanca, un sitio de una exuberancia natural privilegiada, a poco más de una hora de Punta del Este. Este espacio, ubicado al norte del departamento de Maldonado, forma parte de la Reserva de Biósfera Bañados del Este, declarada así por la Unesco en 1976.

“Es increíble como en un lugar tan cercano uno puede desconectar tanto”, dice Manuela. “Todo cobra otro sentido. Disfrutás y deconectás tanto que un fin de semana vale por una semana. Es como que los cinco sentidos se encendieran esencialmente”.

La sensación de Manuela es compartida por todos los que llegan hasta el parque. Un macizo de piedra corona un área de abundante vegetación, donde habitan distintas especies de mamíferos, aves y reptiles. Las condiciones de humedad y luminosidad del lugar son el ámbito ideal para que también se desarrollen allí cientos de miles de helechos, formando un paisaje deslumbrante.

A cada paso, internándote en el monte nativo, te encontrarás con lagartos que tienen en este espacio su hábitat natural y que conviven con quienes pasan por allí con toda tranquilidad. Las grutas escondidas en el cerro, están pobladas por una de las colonias de murciélagos más importantes del país.

Manuela Da Silveira, parada sobre una gran roca, mirando hacia el espacio abierto por donde entra luz, dentro de una gruta

El Parque Municipal Grutas de Salamanca es operado por Pasaporte Aventura, una organización que administra el camping que allí se encuentra, pero que también ofrece cabañas y un espacio gastronómico donde la comida casera es rica y abundante.

También proponen diversas actividades que desafían a los visitantes que, como Manuela, disfrutan de las experiencias que pongan sus emociones al máximo nivel.

Una experiencia abrumadora

“Yo no soy una trecker frecuente, pero me gusta descubrir de una forma activa los lugares que visito”, cuenta Manuela. “Cuando caminás por un lugar, lo trotás, lo corrés, o lo hacés en bicicleta, te apropiás del lugar”. Por eso Grutas de Salamanca le resultaba ideal.

Subir el cerro, entre la vegetación y las rocas, trepar cuando es necesario. “El camino para subir es un trabajo en conjunto entre la naturaleza y el hombre. Uno tiene que hacerse camino para llegar”. “Parece que no llegás más. Te tiemblan las piernas. Pero cuando lo lográs y recuperás el aire, ver ese paisaje después de trepar el cerro es una purificación. Es como una meditación en movimiento”, asegura Manuela.

Y una vez arriba, sobre el borde de la pared de piedra, es donde la aventura se pone realmente desafiante. Una vez puestos todos los implementos de seguridad necesarios, da un paso hacia atrás y comienza el descenso. “Es impresionante porque vos misma vas largando cuerda y controlás cuánto querés ir cayendo”.

A medida que va avanzando, la experiencia se torna conmovedora: “Cuando girás la cabeza y ves toda la inmensidad a tu alrededor, descubrís una imagen muy potente. Te das cuenta que sos parte de esa inmensidad. Somos parte de esa naturaleza simple que nos sostiene. Es una experiencia abrumadora”, dice Manuela, que recuerda ese momento con emoción.

Amor puesto al servicio del visitante

“Creo que la gente que está ahí vibra tan bien que desarrolla el amor”. “Es impresionante el amor que le ponen. Es gente que disfruta de hacer eso”. Manuela describe así a los anfitriones de Pasaporte Aventura, que hacen todo para que la experiencia sea divertida pero también segura.

El instructor me preguntó si había hecho rapel alguna vez. Y eso me pareció bien. Soy abierta a hacer cosas nuevas, probar, pero siempre atenta a lo que me indican los que saben”, dice Manuela. “Es todo muy seguro. Hay gente arriba y abajo. En todos lados”, asegura.

Aunque, según Manuela, ese “amor” que queda de manifiesto en el trabajo de estos anfitriones, no solo está puesto en las actividades que proponen. También en la bienvenida que dan a quienes llegan.

Te reciben con todo casero. Pancitos, panqueques, mesa de frutas. Hasta ‘pinchitos’ con frutas. Capaz que en tu casa también las comés. Pero un pedacito de menta con frutilla y naranja tiene otro sabor en un lugar así. Es tremendo regalo que te hacés”.

Manuela Da Silveira ya empezó a descubrir lugares y experiencias que no conocía en Uruguay. ¿Qué esperás para encontrar tu próxima historia para contar?

 

 

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